domingo, 16 de octubre de 2011

LA TRANSFORMACIÓN DE LOS POPULISMOS EN AMÉRICA LATINA

Giovanni Forno Flórez


Introducción

Creo que sería más apropiado hablar de los populismos (no del populismo) en Latinoamérica debido a que, si bien es cierto pueden encontrarse algunos rasgos centrales comunes en este fenómeno político[1], es difícil formular generalizaciones sobre el “populismo latinoamericano[2] ya que el surgimiento popular en la vida política nacional tuvo diferentes circunstancias y características según el país en donde se implantó (Guerrero: 1).

Surgimiento del Populismo

El populismo surge en Latinoamérica, como respuesta a una severa crisis del modelo oligárquico de dominación y, al mismo tiempo, a la adhesión de las clases populares urbanas a programas políticos “contestatarios” (Águila y Viano: 222).

Qué es el Populismo

El populismo ha sido (y sigue siendo) una estrategia política que tiene como fin lograr el poder a través del apoyo directo e inmediato de una gran masa popular medianamente desorganizada, en donde los conceptos ideológicos y los postulados programáticos están ausentes o se encuentran en un segundo plano (Mansilla: 86).

Se ha tenido oportunidad de revisar varias definiciones de populismo, pero la que más nos ha aproximado al concepto es la de Carlos Vilas, según la cual, este fenómeno es un[3]:

…tipo de régimen o de movimiento político que expresa una coincidencia inestable de intereses de sectores y elementos subordinados de las clases dominantes y de fracciones emergentes, sobre todo urbanas, de las clases populares [… y] que enmarca el proceso de incorporación de las clases populares a la vida política institucional como resultado de un intenso y masivo proceso de movilización social que se expresa en una acelerada urbanización.

La doctrina a propugnado la caracterización básica del populismo en aspectos económicos, como la búsqueda de la industrialización con una marcada injerencia del Estado; en aspectos políticos, como la inexistencia de una relación entre la participación social y económica de la masa popular en el sistema político formal que se establece, en el que destaca el rol del líder popular como árbitro de intereses diversos; y, en aspectos ideológicos, como ejercicio del pragmatismo (Águila y Viano: 222-223).

Clases de Populismo

Savarino (78) califica al populismo como un estilo de gobierno, ya sea a nivel de propuesta como a nivel de gobierno efectivo. Esta afirmación cobra mayor sentido si se asume que con el concepto “populismo” se ha buscado comprender y caracterizar distintas experiencias políticas de América Latina[4] (Águila y Viano: 221).
En este sentido se pueden construir diversas variantes del populismo, como el populismo nacionalista, el neoliberal, el de izquierda, el de derecha, el obrero, el étnico, el mediático o el neopopulismo.[5]

Crisis del Populismo

Una de las características que se pueden encontrar en la mayoría de los populismos latinoamericanos, es que los proyectos políticos que encarnaron y llevaron a sus lideres a la conducción del Estado, sobre la base y con el apoyo entusiasta de las masas populares, muy especialmente las urbanas clases medias[6], no llegaron a establecer un mecanismo de integración popular al poder; sino que, por el contrario, a pesar de beneficiarlos con políticas, sobre todo laborales y sociales, mantuvieron a la masa marginada del proyecto político.[7]

Cuando se racionaliza este abandono de quienes son la razón de ser del populismo, se inicia la crisis del populismo; cuando se hace evidente que, más allá de los beneficios tangibles de las políticas populistas, el sistema político es un sistema de dominación; y, cuando a ello, se suma, adicionalmente, la presión de la trabajador rural, del campesino, que en la generalidad de los casos, no estuvo incorporado en las reivindicaciones de las políticas populistas (con el entusiasta apoyo de las fuerzas políticas de izquierda); en esta coyuntura es que entra en crisis y se agota el modelo populista.

Esta reflexión se sustenta en la llamada ley histórica de los movimientos populistas, elaborada por Horkheinmer (Gómez Sahagún: 259), según la cual:

Al fin, cuando el movimiento avanza, las clases inferiores distinguen los aspectos sombríos y comienzan las tensiones entre ellas y el caudillo. Es decir, en un primer momento, se requiere del pueblo para que actúe de base, para ejercer fuerza y para que el movimiento prospere. Pero, en segundo lugar,  como el movimiento no estaba concebido para satisfacer los intereses del pueblo, el pueblo queda apartado de toda participación. Descubre el engaño y se muestra irritado.

En estos contextos, ha sucedido que las crisis de los populismos han dado paso, en la mayoría de casos, a regímenes autoritarios, de corte militar (aunque igualmente con tintes populistas).  El agotamiento de estos regímenes, facilitaron los procesos de democratización que se desarrollaron en América Latina, especialmente en la década de los 90.

A manera de un círculo vicioso diabólico, las crisis políticas producidas por los efectos de la implantación de políticas neoliberales en democracia, ha despertado nuevos populismos, disfrazados de izquierda, en gran parte de América Latina, bajo el liderazgo de Hugo Chávez.[8]

Bibliografía

ÁGUILA, Gabriela B. y María Cristina VIANO: ¿El cielo protector? Revisando el significado del populismo latinoamericano. “Investigaciones históricas: Época moderna y contemporánea”. Nº 19, Valladolid, 1999, pp. 219 – 237.

CANSINO, César e Israel COVARRUBIAS: Retóricas y dinámicas del populismo en México: Un análisis desde la teoría política. “Revista Enfoques: Ciencia Política y Administración Pública”. Nº 7, Santiago, 2007, pp. 37 – 72.

CARDOSO, Fernando Henrique: El populismo amenaza con regresar a América latina. Diario Clarín. Buenos Aires, 18 de junio de 2006. <www.clarin.com/diario/2006/06/18/opinion/o-03002.htm>

FERNÁNDEZ, Arturo: El populismo latinoamericano: Realidades y fantasmas. “Colección”. Nº 17, Buenos Aires, 2006, pp. 13 - 24.

GÓMEZ SAHAGÚN, Jesús: Razón y emotivismo: Para un abordaje al populismo. “Revista del Centro de Estudios Constitucionales” Nº 2, Madrid, 1989, pp. 249 - 263.

GUERRERO B., Juan Carlos: Militarismo, nacionalismo y populismo. El caso de Argentina y Brasil. “Historia Crítica”. Nº 13, Bogotá, 1996.

MANSILLA, Hugo Celso Felipe: Notas introductorias sobre el populismo y la cultura política en el área andina de América Latina. “Araucaria: Revista Iberoamericana de filosofía, política y humanidades”. Nº 22, Juárez, 2009, pp. 85 – 98.

RIVAS LEONE, José Antonio y José ARAQUE CALDERÓN: Aventuras y desventuras del populismo latinoamericano. “Revista de Estudios Políticos (Nueva Época)”. Nº 124, Madrid, 2004, pp. 229 – 240.

SAVARINO ROGGERO, Franco: Populismo: Perspectivas europeas y latinoamericanas. “Espiral: Estudios sobre Estado y Sociedad”. Vol. XIII, Nº 37,  Guadalajara, 2006, pp. 77 – 92.


[1] Podrían ser hasta cuatro los elementos comunes de todo populismo, la función social que cumple el levantamiento popular; una relación contradictoria entre el líder populista y el pueblo; el discurso de asamblea (que nutre la relación líder – pueblo); y, el carácter autodestructivo implícito en el populismo (Gómez Sahagún: 256-259).
[2]Lo común a los distintos populismo serían la inclinación antipluralista, la tendencia anti-elitista, el imaginario quasi-religioso y la función integradora.” (Mansilla: 86).
[3] Citado por Savarino, p. 80.
Véanse también las definiciones de Álvarez Junco (Gómez Sahagún: 250); Burbano de Lara (Rivas Leone y Araque Calderón: 233): Di Tella (Savarino: 80); e, Incisa di Camerena (Savarino: 81).
[4] Han sido calificados como populistas, los gobiernos de Vargas (1930-1945), en Brasil; Cárdenas (1934-1940), en México; Velasco (1934-1935, 1944-1946, 1952-1956, 1960-1961, 1968-1972), en Ecuador; Aguirre (1938-1941), en Chile; Perón (1944-1945, 1946-1955 y 1973-1974), en Argentina; Battle (1947-1951), en Uruguay; Arbenz (1951-1954), en Guatemala; Pérez Jiménez (1952-1958), en Venezuela; y, Rojas Pinilla (1953-195y), en Colombia. Entre los populistas que no llegaron a gobernar, destacan el senador colombiano Jorge Gaitán, candidato presidencial, asesinado en 1948; y el líder histórico del APRA, Víctor Raúl Haya de la Torre.
[5] Para advertir las diferencias básicas entre populismo y neopopulismo, véase Mansilla, pp. 87-88.
[6]…el populismo no es interclasistas, es anti o mejor trans-clasista, es decir, niega las relevancias o la legitimidad de las fracturas provocadas en el pueblo por las diferencias socioeconómicas.” (Savarino: 84).
[7] Probablemente, la excepción a este fenómeno haya sido México, en donde la política populista de Cárdenas, terminó de consolidar la hegemonía política del PRI, manteniendo, por igual, relaciones de paternalismo y dependencia, tanto con los sectores obreros y las clases medias, como con el sector rural de la población, en éste último caso y, muy especialmente, a través de políticas de reforma agraria y acceso al agua.
[8]La amenaza del regreso del populismo a América latina, y más específicamente a América del Sur, no traerá alternativas fáciles. En los 90 habíamos concebido la integración económica y política de América del Sur con base en la democracia política y la economía de mercado. Los cimientos de todo este edificio podrían socavarse si regresara a la región el populismo, disfrazado de izquierdismo, trayendo consigo el juego de las rivalidades antiguas y muchas veces personales, en lugar de la cooperación institucional entre las naciones.” (Cardoso).

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